Patricia Alvarado Mendoza

Que cien años no es nada...

(27 Mayo, 2010 12:15)

Corría el mes de enero de 1979, cuando recién llegada a Madrid, emprendí mi primer recorrido por La Gran Vía, cuyo Centenario se celebra con boato y eco mediático este 2010 ; y que hace cien años,  supuso la mayor transformación urbanística de la capital española. Aquel invierno hace poco más de tres décadas,  esta gran avenida tenía un encanto provinciano y se percibía en el ambiente la emoción de una ciudadanía, por la libertad recientemente conquistada, tras una transición democrática envidiable.

 

La Gran Vía me pareció un escenario por el que desfilaba una sociedad variopinta con “progres”, prostitutas, oficinistas, limpiabotas, castizos y elegantes damas. Había efervescencia en las tertulias informales de los bares, los cafés y las tabernas.
Era como si todo se estuviera reinventando.

 

Ir al cine a La Gran Vía era una auténtica atracción. Hubo una época en la que los estrenos eran  exclusivos de esta céntrica avenida. A lo que nunca me acostumbré fue al doblaje al "español de España", ¡valga la redundancia! Vengo de México y ahí  todas las películas de habla no hispana, se subtitulan. Resultaba chistoso oír a Charlton Heston ó a Woody Allen con expresiones y acentos propios de la Tierra del Quijote.
 
En verano solía tomarme un "blanco y negro" con leche merengada, en la cafetería Manila, muy  frecuentada por los capitalinos y con una de las vistas más bonitas del armonioso conjunto arquitectónico.
Era asombrosa la memoria de los camareros, que sin apuntes , traían a la mesa  las más caprichosas combinaciones de café y variada bollería de femeninos nombres:¡"una magdalena, por favor"! y afrancesadas acepciones: ¡"va un croissant"!
 
Recuerdo que me echaban piropos; alguno memorable: ¡"Pisa con garbo, morena, que paga el ayuntamiento!"
 
Me he paseado mucho por esta arteria a lo largo de los treinta años que llevo en España. He entrado en "Chicote", en busca de la nostalgia de un tiempo, de cuyo esplendor sólo quedan fotos de famosos personajes y un  mobiliario sorprendentemente bien conservado.
 
Al hilo de la conmemoración del primer centenario de La Gran Vía, la recorrí recientemente con una óptica distinta. Los cambios para convertirla en el "Broadway " madrileño y devolverle el brillo de antaño, cambiaron su rostro: la mayoría de los cines se transformaron en teatros musicales con un nivel artístico formidable. Las múltiples marquesinas de neón de vivos colores , las animadas terrazas y la suave  iluminación de las farolas al caer la tarde, invitan al visitante a caminar y perderse en el bullicio citadino.
 
Desaparecieron establecimientos emblemáticos, como el "Manila", que se convirtió en una  tienda de ropa de marca. Los grandes almacenes,  que curiosamente no cuajaron cuando se inauguró en la década de los cincuenta el primer gran almacén, "Madrid-París"- pues resultaba chocante comprar todo en el mismo sitio-  se han adueñado de La Gran Vía.
 
Para mí sigue siendo un placer recorrerla y recordarla como la pintó Antonio López.

 

A veces me detengo en mi caminata. Me gusta cerrar los ojos por un instante y evocar un  tiempo glorioso cuando personalidades como Neil Armstrong, el Ché Guevara y Ernest Hemingway se pasearon por La Gran Vía, testigo de un tiempo glorioso, que recupera su pulso a ritmo de Musicales.

Patricia Alvarado Mendoza
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