Garzón y las trincheras
(24 Enero, 2012 11:52)
Parece que escribir sobre Garzón significa entrar en una guerra de trincheras, antes de haber tecleado la primera palabra.
Es una situación “insólita” y desde luego muy difícil de hacer entender fuera, para nosotros los corresponsales quienes intentamos informar a los lectores de nuestros países. Especialmente en el momento en que se da un trato exquisito a Manuel Fraga, que acaba de morir celebrado como un gran servidor del Estado. Para él, todo es elogios, o por lo menos respeto. Apenas unas líneas discretas para señalar su pasado de hombre del régimen. Mejor describirlo como un hombre clave para organizar la transición. Así que Fraga el alto cargo franquista orgulloso de su pasado, es un hombre que ha sabido adaptarse a los tiempos.
Con esta fórmula vaga y neutra, se ensalza al ex ministro de la información, el que imponía su ley de censura a la prensa de la época, y que hasta su último día se quedo tal cual, un hombre tajante y autoritario que no se arrepiente de nada. A él, nadie se atrevía del todo a hacerle preguntas, sus gruñidos lo contestaban todo.
Las gaitas suenan para el cacique gallego, el día que Garzón se quita la toga de juez para el interrogatorio delante del Supremo. A Garzón también se le ha reservado un trato muy especial. Un sillón y un vaso de agua. El juez afónico lucha contra su voz para contestar de manera precisa a sus interrogadores que parecen repetir la misma pregunta cortada en trocitos… parece que el juicio patina.
El calendario ideal de los acusadores de Garzón estaba estudiado:
Primero el caso de los cursos de Nueva York, para probar que el juez campeón de la justicia universal es un hombre venal.
Segundo el caso de las escuchas de la trama Gürtel, para probar que el juez campeón de los derechos humanos vulnera los derechos de la defensa.
Tercero el caso de la causa contra los crímenes del franquismo, con la idea de que el juez llegaría manchado y despreciado, y que la opinión pública internacional, ya decepcionada, se canse de las aventuras de este magistrado corrupto y poco escrupuloso. ¡Que además pretende saltarse la ley de amnistía!
Pero las cosas no han salido del todo bien. De momento, los investigadores del caso de los cursos de Nueva York siguen buscando bajo las piedras indicios de que Garzón fue pagado ilegalmente durante su año sabático.
Y los dos primeros días del juicio para las escuchas a la trama Gürtel desvelan lo que se intentaba tapar: Garzón no pinchaba las conversaciones de los abogados pero de los imputados. Queda claro que él actuó, apoyado por el fiscal y que las ordenó para evitar maniobras de blanqueo de dinero, a petición de los policías que investigaban la trama. Y que el juez que le sucedió cuando el caso se traspaso al tribunal superior de Madrid siguió la misma línea que Garzón. Así que la imagen del juez prevaricando solo en su despacho titubea…
Estos días de vista oral dejan la sensación de un caso más bien semi-vacío. Si algo ha hecho mal el juez, la sanción incurrida parece desproporcionada: 17 años de inhabilitación, para Garzón, porque cae mal a gran parte de sus compañeros, justo cuando el juez Urquía condenado dos veces por sobornos en las tramas de corrupción de Marbella acaba de ser rehabilitado por el Tribunal Supremo.
A pesar de todo queda en el aire la sensación que en el caso de Garzón todo está ya… decidido de antemano.
Pero escribir esto, ya en España, significa haber saltado en la trinchera. Es une situación insólita. Las gaitas para Fraga y el banquillo para Garzón… algo no encaja. O encaja demasiado bien.
