¡A por Garzón!
(03 Marzo, 2010 22:27)
Visto desde España, todo esto forma parte de cierto folclore. ¿Pero, y fuera? ¿Cómo explicar a nuestros redactores jefes lejanos, que aquí, desde hace meses, el juez Baltasar Garzón es la comidilla de una notable parte de la prensa. Como contarles que algunas tertulias radiofónicas echan pestes a diario contra el ego del juez, sus malas maneras, o lo que sea… Suena tan estrecho. ¿ Cómo, de verdad, hacer entender que Garzón, probablemente el juez más admirado en el mundo, está a punto de ser expulsado de la profesión por sus pares, víctima de los rencores y de la envidia? Parece increíble que lo que ni la mafia, ni los narcos, ni ETA nunca han conseguido, lo vayan a lograr los compañeros de toga del juez: quitárselo de en medio. ¿ Cómo hacer entender que un órgano tan prestigioso como el Tribunal Supremo se preste a acumular una serie de querellas presentadas por personajes y grupúsculos ligados a la extrema derecha? Y que el Consejo General del Poder Judicial anticipe la corriente, ¡preparando una suspensión profesional preventiva! Suena trágico escribir que Garzón, el magistrado que ordenó el arresto de Pinochet y que hizo juzgar a los torturadores argentinos, acaba de tropezar en casa contra el fantasma del franquismo. Puede ser que se equivocó (o no) considerando que la ley de amnistía de 1977 se aplica a delitos políticos pero no a los casos de 111 000 desapariciones forzosas, que son consideradas según la ley internacional como crimen contra la humanidad. Garzón es criticable como todo el mundo. Puede ser un arrogante horripilante, o qué sé yo. Puede no dudar nunca de sí mismo. Pero precisamente, gracias a eso, no dudo en firmar el mandato de arresto de Pinochet que marcó un antes y un después en la historia de la justicia internacional. Pues parece que algunos se lo van a hacer pagar caro. Eso tenemos que contar a nuestros redactores jefes lejanos…
Es el último juego de tiro al blanco mediático. Los corresponsales que vivimos en España desde hace algunos años estamos acostumbrados a la ferocidad de la prensa. Conocemos estas interminables batallas de titulares que acaban en campañas de persecución. Sabemos el placer de unos y otros periódicos en detallar las más mínimas piezas de los sumarios. Hemos visto por ejemplo como el juez del Olmo, instructor del caso de los atentados del 11M, ha sido durante meses –por no decir años- la diana a diario de todo tipo de insultos y de descalificaciones, sin que el Consejo General del Poder Judicial levante la voz para pedir respeto por el magistrado.
